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Cuando acariciamos
una ilusión
escribimos un cuento
y adoptamos el personaje
dándole vida con emociones:
frías como la nieve
calientes como la lava
y tibias como la caricia
de la madre arrullando
al recién nacido.
Y cuando todas estas
emociones se juntan
resurge el oasis
ante nuestro presente
y refleja el espejismo
en el que dimos paso
a una destilada ilusión
y vemos que hemos tapado
nuestro presente.
Lo modificamos
lo aclaramos y
crecimos
retomando el hoy
porque ayer no hubo
y mañana no existe en la
ilusoria ilusión...
¡que rico despertar!
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jueves, 18 de agosto de 2011
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